http://www.youtube.com/watch?v=jpOTfL2aJUY&feature=related
No conformarse con ser una familia mediocre.
Este es un blog que tiene como objetivo buscar dónde están esas familias valientes y generosas en Guatemala para que participen del proyecto educativo del Centro Escolar El Roble
domingo, 24 de julio de 2011
viernes, 15 de julio de 2011
FAQ de familias valientes
FAQ de padres valientes
1. ¿Mi hijo morirá luchando por mejorar el mundo?
La misión del Centro Escolar el Roble está orientada a este ideal de mejorar el mundo, es el alcance de la formación integral. “Nuestras existencias están en profunda comunión entre sí, entrelazadas unas con otras a través de múltiples interacciones. Nadie vive solo. Ninguno peca solo. Nadie se salva solo (…) Como cristianos, nunca deberíamos preguntarnos solamente: ¿Cómo puedo salvarme yo mismo? Deberíamos preguntarnos también: ¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza? Entonces habré hecho el máximo también por mi salvación personal.” Afirma Benedicto XVI1.
Vivir para servir es parte integral de la naturaleza humana, sin esa orientación hacia los otros no habría -ni podría llamarse nunca a una educación- educación “integral”. Y esta misión de servicio no es algo añadido, algo ornamental, sino parte de la esencia misma que inspira el colegio.
2. ¿Mi hijo será una gran persona?
Como dice Aquilino Polaino1 “La actividad humana –cualquiera que sea- contribuye, qué duda cabe, a transformar el mundo que nos rodea (consecuencias ad extra), pero al mismo tiempo nos cambia por dentro, nos transforma (consecuencias ad intra). La acción humana es, pues, una actividad transformadora y autotransformante”, en la medida en que una persona trabaja por un ideal grande se convierte en una gran persona que entregará después a Dios, a su país, a su familia.
En la medida que las familias del colegio participen de este gran ideal de formar hombres que puedan transformar -con acciones y con el desarrollo de sus propios talentos- hoy y mañana la sociedad que les rodea, podrán ellos convertirse en grandes personas, en verdaderos santos. No plantas de invernadero que al primer contacto con el mundo real, se marchiten y se deshagan.
3. ¿Mi hijo sabrá pedir perdón y perdonar?
La naturaleza humana herida por el pecado original, empuja más o menos hacia el mal. Y cuando la libertad humana florece –desde el uso de razón, e incluso antes- necesariamente está predispuesta a cometer errores, a hacer el mal, a hacer daño (comprobado está de sobra, que incluso sin malos ejemplos).
Aprender a pedir perdón es algo que fomentamos en nuestros alumnos desde el principio hasta el último día en el colegio. Enseñándoles a pedir perdón a Dios, a sus papás, a los profesores, a sus compañeros. Y enseñándoles a reparar por el mal que hacen –en la medida que puedan-, porque una “justicia total” solo Dios la puede procurar.
Perdonar es aún más difícil, pero también más liberador. El resentimiento esclaviza a las personas y las hace incapaces de amar. Comprender el mal que anida en el corazón del hombre es una enseñanza importantísima para toda la vida. Y perdonar lo imperdonable es también un gran aprendizaje.
4. ¿Mi hijo se levantará cuando cometa errores?
La pedagogía debe enseñar al hombre qué es la solidaridad humana, actitud que no es solo compatible con el protagonismo personal, sino que lo supone. Se trata de ser uno mismo (lo contrario al hombre-masa tan de moda en nuestra sociedad interconectada), aceptando nuestras limitaciones y errores sin justificarlos con presiones que influyen pero no suplantan la propia decisión personal.
Levantarse ante los errores supone aceptarlos, enfocarlos y plantear soluciones reales, es aquí donde el colegio intenta trabajar con sus planes de formación.
La formación de la conciencia es indispensable para poder rehacerse ante las caídas. Formar en valores no significa evitar los errores –que son en muchos casos inevitables-, sino reconocerlos e intentar cambiarlos, contando como el buen vino con el tiempo.
5. ¿Será mi hijo “luchón” para conservar lo que ama?
Si formamos un carácter recio, que está detrás de las respuestas a las preguntas anteriores, si tienen siempre un poco menos de lo necesario, y si saben sacrificarse por las cosas valiosas, que siempre cuestan esfuerzo, seguramente será “luchón” y tendrá amores grandes en su corazón, amistades fuertes, y un sentido sobrenatural de la vida que lo empujará a ser fiel y leal a Dios, a las personas que lo rodean, a su familia, a la palabra dada, a su vocación.
1. ¿Mi hijo morirá luchando por mejorar el mundo?
La misión del Centro Escolar el Roble está orientada a este ideal de mejorar el mundo, es el alcance de la formación integral. “Nuestras existencias están en profunda comunión entre sí, entrelazadas unas con otras a través de múltiples interacciones. Nadie vive solo. Ninguno peca solo. Nadie se salva solo (…) Como cristianos, nunca deberíamos preguntarnos solamente: ¿Cómo puedo salvarme yo mismo? Deberíamos preguntarnos también: ¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza? Entonces habré hecho el máximo también por mi salvación personal.” Afirma Benedicto XVI1.
Vivir para servir es parte integral de la naturaleza humana, sin esa orientación hacia los otros no habría -ni podría llamarse nunca a una educación- educación “integral”. Y esta misión de servicio no es algo añadido, algo ornamental, sino parte de la esencia misma que inspira el colegio.
2. ¿Mi hijo será una gran persona?
Como dice Aquilino Polaino1 “La actividad humana –cualquiera que sea- contribuye, qué duda cabe, a transformar el mundo que nos rodea (consecuencias ad extra), pero al mismo tiempo nos cambia por dentro, nos transforma (consecuencias ad intra). La acción humana es, pues, una actividad transformadora y autotransformante”, en la medida en que una persona trabaja por un ideal grande se convierte en una gran persona que entregará después a Dios, a su país, a su familia.
En la medida que las familias del colegio participen de este gran ideal de formar hombres que puedan transformar -con acciones y con el desarrollo de sus propios talentos- hoy y mañana la sociedad que les rodea, podrán ellos convertirse en grandes personas, en verdaderos santos. No plantas de invernadero que al primer contacto con el mundo real, se marchiten y se deshagan.
3. ¿Mi hijo sabrá pedir perdón y perdonar?
La naturaleza humana herida por el pecado original, empuja más o menos hacia el mal. Y cuando la libertad humana florece –desde el uso de razón, e incluso antes- necesariamente está predispuesta a cometer errores, a hacer el mal, a hacer daño (comprobado está de sobra, que incluso sin malos ejemplos).
Aprender a pedir perdón es algo que fomentamos en nuestros alumnos desde el principio hasta el último día en el colegio. Enseñándoles a pedir perdón a Dios, a sus papás, a los profesores, a sus compañeros. Y enseñándoles a reparar por el mal que hacen –en la medida que puedan-, porque una “justicia total” solo Dios la puede procurar.
Perdonar es aún más difícil, pero también más liberador. El resentimiento esclaviza a las personas y las hace incapaces de amar. Comprender el mal que anida en el corazón del hombre es una enseñanza importantísima para toda la vida. Y perdonar lo imperdonable es también un gran aprendizaje.
4. ¿Mi hijo se levantará cuando cometa errores?
La pedagogía debe enseñar al hombre qué es la solidaridad humana, actitud que no es solo compatible con el protagonismo personal, sino que lo supone. Se trata de ser uno mismo (lo contrario al hombre-masa tan de moda en nuestra sociedad interconectada), aceptando nuestras limitaciones y errores sin justificarlos con presiones que influyen pero no suplantan la propia decisión personal.
Levantarse ante los errores supone aceptarlos, enfocarlos y plantear soluciones reales, es aquí donde el colegio intenta trabajar con sus planes de formación.
La formación de la conciencia es indispensable para poder rehacerse ante las caídas. Formar en valores no significa evitar los errores –que son en muchos casos inevitables-, sino reconocerlos e intentar cambiarlos, contando como el buen vino con el tiempo.
5. ¿Será mi hijo “luchón” para conservar lo que ama?
Si formamos un carácter recio, que está detrás de las respuestas a las preguntas anteriores, si tienen siempre un poco menos de lo necesario, y si saben sacrificarse por las cosas valiosas, que siempre cuestan esfuerzo, seguramente será “luchón” y tendrá amores grandes en su corazón, amistades fuertes, y un sentido sobrenatural de la vida que lo empujará a ser fiel y leal a Dios, a las personas que lo rodean, a su familia, a la palabra dada, a su vocación.
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